La forma en que usamos el lenguaje varía mucho dependiendo de quién será el receptor de nuestro mensaje. Cuando enviamos un correo electrónico o un mensaje de texto a un amigo, no estamos pendientes de qué tan bien escribimos, solo nos enfocamos en el contenido. Por otro lado, cuando se trata de redactar una propuesta de investigación, una tesis o un artículo científico, es necesario preocuparse más: debemos preguntarnos si estamos cometiendo errores de ortografía, gramática, puntuación o uso de palabras; si logramos causar una buena impresión en los lectores y si estamos transmitiendo nuestro trabajo y conclusiones de manera clara y concisa.

La escritura científica es diferente de la escritura informal porque, como lo expresa el Diccionario de inglés académico para aprendices de Oxford, el lenguaje académico es conciso, formal, preciso, impersonal, provisional y cuidadosamente estructurado.

Por ello, preparamos algunas sugerencias que puedes considerar al momento de trabajar en tu próximo artículo.

Evita las expresiones redundantes

La buena redacción académica es concisa. Los documentos de investigación, comunicaciones breves, informes de casos y otras categorías que utilizan las revistas suelen tener límites de palabras, por lo que debes evitar la repetición de información.

Los autores a menudo se repiten de dos maneras:

  • Repitiendo en el resumen y la introducción la información que ya está en el título: por ejemplo, si un artículo se titula «Un nuevo método para controlar ratas», no tiene sentido que el resumen de ese documento comience con: «Un nuevo método para controlar ratas fue evaluado…». De manera similar, el resumen no debe proporcionar información sobre el alcance del daño causado por las ratas, sobre los patógenos que transportan, etcétera.
  • Parafraseando y presentando en el texto la información ya dada en un gráfico o tabla. Por ejemplo, si el mismo documento tiene una tabla que proporciona datos sobre el porcentaje de mortalidad en ratas debido a cinco productos químicos, es superfluo decir en el texto adjunto que la mortalidad debida al producto químico A fue de cierto porcentaje, que la debida al producto químico B fue de tal porcentaje, que debido a la sustancia química la mortalidad de C fue otro porcentaje, y así sucesivamente.

Otra forma sencilla de evitar el empleo excesivo de palabras es cambiar los sustantivos abstractos por verbos o acciones, lo cual le da más claridad y acción al texto. Una buena idea es evitar la terminación «ión»: por ejemplo, en lugar de «realizamos una exploración», utiliza «exploramos»; o escribe «el 80% de las semillas germinadas» y no «la germinación fue de 80%». Además, en general conviene evitar verbos genéricos como realizar, ya que no son descriptivos y dificultan la comprensión.

No descuides la traducción

Puesto que el inglés es en la actualidad el idioma universal del conocimiento científico, es indispensable que la traducción del título y resumen sea impecable —y para qué hablar de un artículo completo—, pues son factores de suma importancia a la hora de difundir la publicación a otros idiomas y mejorar su impacto, como hemos mencionado en un artículo anterior. A menos que tengas una confianza absoluta en tu inglés, encarga una traducción a un profesional o pide a un hablante nativo que lea tu traducción.

Usa palabras o frases exactas que describan lo que quieres decir

La buena ciencia es precisa, y también lo es el buen lenguaje científico. De hecho, es el énfasis en los números —en medir y contar— lo que separa a la ciencia de otras actividades. Cada tema tiene su vocabulario técnico, que evoluciona para expresar los conceptos, objetos físicos y situaciones que son específicos de cada tema, y el uso de la palabra correcta también indica su familiaridad con él. Si no queda absolutamente claro es mejor reformularlo.

Presta especial atención a las oraciones que pueden ser interpretadas en más de una manera. Por ejemplo, uno de los mayores culpables de ambigüedad es el uso indiscriminado de gerundios: en una frase como «el autor analizó los datos, calculando el promedio de accidentes», no queda claro si calcular el promedio de accidentes se refiere al método que el autor utilizó para analizar los datos, o si al analizarlos obtuvo como resultado el promedio de accidentes, lo cual quiere decir algo muy diferente. En el primer caso, lo correcto sería escribir que «el autor analizó los datos calculando el promedio de accidentes», mientras que en el segundo caso, lo mejor sería que «el autor analizó los datos para calcular el promedio de accidentes».

Mantén un tono objetivo

El buen lenguaje académico es impersonal, aunque eso no significa que deba ser aburrido. Si bien el uso de la primera persona en trabajos de investigación hoy es más común —y algunas revistas incluso lo alientan—, la voz pasiva sigue siendo preferida en muchas más revistas («las observaciones se registraron» y no «registramos las observaciones»). La voz pasiva se prefiere en algunos casos porque se enfoca en la acción y no en el actor: lo que se hizo generalmente es más importante que quién lo hizo.

Una violación flagrante de la convención para usar un tono impersonal es el uso de adjetivos como «interesante» y «notable»: deja que tus lectores decidan por sí mismos si encuentran sus resultados interesantes o notables.

Usa calificativos con moderación

Aunque la ciencia busca la verdad, los científicos también son conscientes de que las verdades universales son pocas; a medida que surgen nuevos hechos, lo que se creía verdadero hasta ese momento puede cambiar. Los microscopios más potentes, los instrumentos más sensibles y los métodos analíticos revelan facetas del mundo material que antes hubieran sido imposibles de conocer. Es por esto que rara vez se usa un lenguaje enfático en la ciencia: es una herramienta clave en publicidad o textos de marketing, pero es mal visto en los trabajos de investigación, que a menudo están salpicados de frases como «según nuestro conocimiento», «bajo condiciones de laboratorio» y «es probable que», entre otras.

Sin embargo, este estilo descriptivo puede llevarse demasiado lejos: solo una frase es suficiente. Por ejemplo, no combines «puede» con «posible», o «indique» con «sugiere». La cobertura excesiva hace que su prosa se debilite.

Organiza tu artículo para ayudar a los lectores

La buena redacción académica está estructurada y organizada de forma lógica. En muchas disciplinas, las revistas requieren que los autores sigan la estructura IMRyD (introducción, metodología, resultados y discusión). Sin embargo, se requiere alguna organización incluso dentro de dicha estructura. Por ejemplo, es una buena práctica seguir la misma secuencia de encabezados que se utiliza en la sección de métodos para la sección de resultados, lo que facilita que los lectores sigan los detalles de un experimento y los conecten con los resultados.

De manera similar, la sección de introducción a menudo se organiza en una secuencia que va de lo amplio a lo concreto y termina con los objetivos específicos de la investigación o las preguntas específicas que se responden.

La escritura académica es diferente según cada texto y cada área. Los errores que se pueden cometer son variados, por lo que tenemos que estar pendientes de la forma en que escribimos, con especial cuidado de nuestra ortografía, redacción y en cómo queremos expresar nuestras ideas. Ya que además cada autor debe estar atento a sus propias muletillas o errores comunes, así que nos interesa saber: ¿qué otras técnicas para mejorar la redacción y precisión en artículos científicos utilizas y recomiendas?

Este texto fue elaborado a partir del artículo «6 actionable tips to improve academic writing» de Editage Insights.

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