Uno de los debates más interesantes en el mundo de la publicación científica es el del futuro de la revisión por pares y cómo este proceso centenario se adaptará a cambios que se vienen produciendo en áreas como la apertura de datos. Para muchos, el modelo clásico de la revisión ciega y doble necesita dar paso a una filosofía de transparencia entre autores, revisores y la comunidad en general, aunque no esté clara todavía la mejor forma de asegurar un buen balance entre apertura y privacidad, ni el impacto real que podría tener en el corto y largo plazo.

Cifras a favor

Por suerte, cada año más y más publicaciones se han ido sumando a este experimento, por lo que podemos empezar a evaluar la recepción que la transparencia en la revisión está teniendo entre investigadores. El ejemplo más reciente es nada menos que el de Nature, que acaba de publicar los resultados de los primeros tres años de su experimento de reconocimiento en la revisión por pares. Durante este periodo, se ofreció a los autores, una vez que el artículo fue revisado y aceptado, la opción de «agradecer» a los árbitros por su contribución en la revisión, siempre que ellos estén de acuerdo. Los revisores, a su vez, tenían la opción de incluir su nombre en el artículo publicado, aunque bajo el consentimiento del autor. De este modo, todas las partes mantenían un control del grado de apertura o privacidad que estaban dispuestos a aceptar.

Según su análisis, en las 23 revistas bajo el paraguas de Nature que aceptaron poner a prueba este nuevo modelo, el 91% de los autores y el 55% de los revisores aceptó participar en algún tipo de apertura, y cerca del 80% de los artículos publicados incluyeron el nombre de al menos un par revisor.

Otro ejemplo en este sentido es el de Publons, un servicio web gratuito adquirido en 2017 por Clarivate que permite a investigadores crear un perfil de su actividad como revisor. Desde su creación en 2012 ha sumado más de 500.000 usuarios y tres millones de revisiones en cerca de 2.500 revistas académicas. El año pasado, Publons reveló el informe Global State of Peer Review 2018, en el cual desglosan el presente y el futuro de esta práctica. Uno de los datos más llamativos del informe es que cerca del 40% de los encuestados menores de 26 afirmaron estar dispuestos a hacer revisiones en revistas que hacen visible su identidad, por lo que no debería sorprender a nadie el que la revisión abierta termine llegando para quedarse en un futuro cercano.

¿Y para qué?

Cabe preguntarse qué incentivos existen para apostar por este nuevo sistema. Ante ello, sus partidarios argumentan que reconocer la identidad de los revisores les permitiría obtener reconocimiento por una tarea que normalmente no es pagada ni aporta más beneficios que participar en las «buenas prácticas» de la comunidad académica, lo que para muchos no es suficiente. Como indica el informe de Publons, el 83% de los encuestados afirma que un mayor reconocimiento de los revisores tendría un impacto positivo al momento de participar en revisiones.

Además, retirar el velo del proceso de arbitraje también tendría beneficios para las revistas y editores, quienes podrían mostrar a los lectores el valor agregado que aportan en cada etapa de la edición, tanto en las revisiones y posteriores respuestas de los autores como en las decisiones finales que toma el editor, además de publicar un registro de estas contribuciones para que otros puedan revisar su trabajo y entender sus decisiones editoriales.

Por último, mostrar un interés por «subirse al carro» de la investigación y publicación abierta y ofrecer a los revisores la opción de visibilizar su trabajo puede ser un incentivo para atraer más colaboradores: según el informe de Publons, el 75% de los editores de revistas indicaron que encontrar revisores y hacer que acepten sus invitaciones a colaborar era la parte más difícil de su trabajo. Un modelo de revisión abierta puede ser incluso más eficiente que el modelo tradicional, como sugieren algunas de las guías para su implementación creadas por destacados expertos en la materia.

Buenas intenciones

A pesar de que su futuro parece promisorio, siempre es posible que estos ideales se queden en las buenas intenciones cuando los incentivos no son suficientes para adoptarlos. Si bien la tendencia hacia la apertura va en alza, la preferencia por la revisión ciega y doble ciega sigue dominando claramente las preferencias tanto de revisores como de editores y autores. El mismo informe de Publons reconoce que el 61,8% de publicaciones que podrían haber incluido el nombre de los revisores o el contenido de la revisión no mostraron ninguno de los datos, lo que muestra que aún existe recelo de adoptar posturas abiertas, a pesar de las declaraciones de apoyo y deseos de cambio, especialmente entre investigadores mayores y acostumbrados al modelo tradicional.

Queda aún por ver si esta transparencia cumple con su promesa de mejorar el proceso y la calidad de la revisión por pares. La revisión ciega ha prosperado por más de 200 años porque ha demostrado ser un sistema robusto y confiable, por lo que cabe preguntarse si es necesario reparar algo que no está roto. Para sus detractores, mostrar de esta manera las cartas de la revisión podría aumentar el riesgo de que el sistema se distorsione por los sesgos y prejuicios humanos que la revisión ciega intenta precisamente evitar, como la presión por ayudar a los colegas o el miedo a la confrontación por revisiones negativas.

¿Es conveniente apostar por la revisión transparente? ¿Es un riesgo o una oportunidad? ¿O tal vez no es suficiente? Modelos más radicales, como la participación abierta, en que la revisión se abre a la comunidad para que actúe como un árbitro colectivo, ya se están aplicando en algunas revistas con cierto grado de éxito, aunque se mantienen en el nivel experimental. Otros llaman a retirar de plano el modelo de revisión por pares en su totalidad. Solo el tiempo y la experiencia dirán si estas propuestas no solo tendrán cabida en la edición científica, sino si en verdad resultarán ser más efectivas a la hora de garantizar procesos confiables, eficientes y cómodos tanto para los investigadores y editores como, por supuesto, para los revisores.

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